Mejorando el desempeño

By | marzo 27, 2017

 

Desempeño

Mejorando el desempeño

El cuerpo tiene una reacción estándar cuando se enfrenta a una tarea en la que el desempeño realmente importa para el bienestar o llegar a una meta: el sistema nervioso simpático y el hipotálamo, las glándulas pituitarias bombean adrenalina con hormonas de estrés y cortisol al flujo sanguíneo. Los latidos del corazón y la respiración se aceleran y todos los músculos se tensionan.

Lo que ocurre después es lo que separa al estrés bueno del malo. La gente que experimenta el estrés beneficioso siente el bombeo. Los vasos sanguíneos se dilatan, el flujo sanguíneo aumenta y ayuda al cerebro, a los músculos y a las extremidades a cumplir el reto al que se enfrentan, parecido a los efectos del ejercicio aeróbico.

Las personas bajo estrés dañino pierden la habilidad de reconectar el sistema nervioso parasimpático, encargado de las funciones naturales del cuerpo, como la digestión y el sueño. Aunque la tolerancia al estrés varía de una persona a otra, las investigaciones demuestran que aumenta el riesgo a tener insomnio, a padecer enfermedades crónicas y a morir a una edad temprana.

Tener una actitud positiva tiende a producir estrés bueno. En un estudio de 50 alumnos universitarios, a algunos se les hizo creer que sentir nervios en una prueba podía mejorar su rendimiento. A otro grupo le dijeron lo contrario. Cuando se les pidió que dieran un discurso sobre ellos mismos, aquellos que recibieron esta última advertencia mostraron una respuesta fisiológica más saludable, lo que significó un aumento menor en la presión sanguínea que el otro grupo. La gente reacciona distinta al estrés. Para la mayoría de la gente, mantener la calma requiere habilidad. Con la práctica, aprenden a relajarse en segundos.

Ayudan los pensamientos positivos acerca de lo que nos produce estrés, respiraciones abdominales profundas, meditación y regulación de los estados mentales y físicos.

Cuando trabajamos la motivación de manera individual, resulta más complicado de aplicar cuando estamos tratando de manera general un problema de engagement en una organización. De hacerlo, recomendaría esta opción, los haría en una segunda fase cuando hubiera que aterrizar la estrategia general en determinadas personas.

Deberíamos poner en marcha un plan que abarque a todos los empleados y que trabaje los pilares antes citados.

Supongo que puede haber un punto medio más asimilable en nuestra cultura, pero desde luego lo que tengo claro es que en la medida que una persona hace suyo el propósito de su empresa, está más motivada y por tanto más comprometida.

Una vez tengamos un propósito que enganche, lo siguiente que deberemos trabajar es cómo dar a los empleados mayor autonomía y como permitir que crezcan profesionalmente. Pero para no extenderme mucho esta semana, lo dejo para futuros posts.

“El mensaje que debe quedar claro es que el compromiso no se trabaja desde fuera del empleado, con acciones de motivación extrínseca tipo salario u otros beneficios sociales. Eso puede dar resultados a corto plazo. Si de verdad, queremos empleados comprometidos, trabajemos los resortes de su motivación intrínseca: autonomía, maestría, y, por supuesto, propósito” añadió Salomón Juan Marcos Villarreal, presidente de Grupo Denim.